
Enero dejó una fotografía poco habitual para el comienzo de año en Argentina: una serie de indicadores económicos que mostraron mejoras en áreas clave, dando al Gobierno motivos para consolidar un clima de mayor confianza financiera.
Uno de los principales avances se observó en la posición de reservas internacionales del Banco Central, que aumentaron significativamente durante el mes gracias a un plan de recompras sostenido. Esto contribuyó también a la estabilidad cambiaria y a una menor presión sobre el dólar, que se mantuvo alejado del techo de la banda de flotación.
El riesgo país, medido por el índice de JP Morgan, cerró enero por debajo de los 500 puntos básicos, un nivel que no se veía desde 2018. Esta caída prolongada del indicador sugiere que los mercados ven una mejora en la percepción de solvencia crediticia de la Argentina, impulsando una sensación de mayor normalidad en los activos financieros locales.
En los mercados de capitales, las acciones argentinas en moneda dura mostraron rendimientos positivos, con subas notables en varios sectores, mientras que los bonos soberanos acumularon ganancias en el mes. Este comportamiento reflejó un mayor apetito por instrumentos locales tras un periodo de volatilidad.
Si bien los desafíos no desaparecen, como los vencimientos de deuda que Argentina enfrentará a lo largo de 2026, estos resultados de enero conforman una señal alentadora para quienes monitorean la evolución económica del país. La combinación de reservas fortalecidas, dólar más estable y confianza inversora podría marcar el inicio de una dinámica más sólida si se mantiene en los próximos meses.




