
En silencio, pero con números que hacen ruido, Corrientes empieza a posicionarse como protagonista de una de las apuestas industriales más grandes de los últimos años en Argentina.
La empresa Arpulp SA confirmó una inversión de US$2.000 millones para construir una planta de celulosa en Ituzaingó, un proyecto que no solo promete escala global, sino también un efecto dominó en toda la economía regional.
🏭 Mucho más que una planta
No se trata simplemente de una fábrica.
El complejo estará enfocado en la producción de celulosa fluff, un material clave para productos de higiene como pañales, toallas femeninas y artículos médicos.
Con una capacidad estimada de 800.000 toneladas anuales, la planta podría ubicarse entre las más grandes del mundo en su categoría, abriendo la puerta a exportaciones a gran escala y reduciendo la dependencia de importaciones en el mercado interno.
👷♂️ El verdadero impacto: empleo y movimiento económico
El dato que más resuena no está solo en la inversión, sino en su efecto humano.
Se proyecta la creación de 13.000 puestos de trabajo, entre empleos directos e indirectos, lo que implica una reactivación profunda no solo para Corrientes, sino para toda la cadena foresto-industrial del país.
Detrás de esos números hay transporte, servicios, proveedores, logística y nuevas oportunidades que empiezan a girar alrededor del proyecto.
📍 Un punto estratégico con mirada global
La elección de Ituzaingó no es casual.
La región cuenta con recursos forestales, infraestructura industrial y una ubicación que facilita tanto la producción como la exportación. En ese tablero, la planta no es una pieza aislada: es el centro de una red productiva que busca escalar.
Además, la demanda internacional de este tipo de fibra, utilizada en productos de consumo masivo, sigue en crecimiento, lo que refuerza el potencial del proyecto en el largo plazo.
🔮 ¿Un antes y un después?
Este tipo de inversiones no aparece todos los días.
Más allá de los plazos (la construcción está prevista para los próximos años), el anuncio deja una señal clara: el sector forestal vuelve a estar en el radar de las grandes apuestas productivas.
La pregunta ya no es solo qué se va a construir, sino qué efecto puede generar alrededor.
Porque cuando una inversión de este tamaño aterriza, no llega sola: arrastra desarrollo, cambia dinámicas y redefine el mapa económico de una región entera.




