
En casi diez años, Vaca Muerta pasó de ser un experimento prometedor a convertirse en una pieza clave de la matriz energética argentina. Desde 2016 hasta fines de 2025, esta vasta formación de roca neuquina sumó casi 98.500 etapas de fractura hidráulica, y todo indica que la marca histórica de 100.000 se cruzará en cuestión de semanas.
El año 2025 no fue uno más en la cronología del shale argentino. Por primera vez, la actividad anual superó las 20.000 fracturas, cerrando con cerca de 23.896 punciones, un crecimiento superior al 34% frente a 2024. Si bien diciembre mostró una ligera reducción con respecto a noviembre, el ritmo general del año reflejó estabilidad operativa.
En el detalle de empresas, YPF lideró la actividad seguida por otras operadoras que sostuvieron altos niveles de trabajo durante todo 2025. Más allá de los números mensuales, el salto histórico en las etapas de fractura simboliza una consolidación del sector: la eficiencia técnica y la adopción de nuevas modalidades operativas transformaron a Vaca Muerta en un actor con proyección global.
A pesar del bache que significó la pandemia en 2020, cuando la actividad cayó de forma abrupta, la cuenca retomó un sendero de crecimiento contundente desde 2021.
Para 2026, se espera una nueva aceleración: las proyecciones del sector anticipan que las fracturas superarán las 28.000 en el año, reafirmando la madurez operativa alcanzada y consolidando a Vaca Muerta como un motor de producción energético capaz de acompañar una futura duplicación de volúmenes extraídos.





