
En los últimos días, una frase encendió el debate político y económico en la Argentina: «Esta vez es diferente», dijo Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), al referirse al rumbo económico que el país está tomando bajo la gestión de Javier Milei. Pero lo que parecía un elogio técnico terminó convirtiéndose en una bomba política.
Durante su exposición en el Foro de Primavera del FMI y el Banco Mundial, Georgieva destacó el compromiso del Gobierno argentino con el ajuste fiscal y la desregulación. «Hay una determinación impresionante por parte del Presidente y su equipo para evitar que Argentina vuelva a descarrilar», afirmó. Según ella, el país está mostrando un nivel de compromiso que no se había visto en ciclos anteriores.
Sin embargo, sus palabras no pasaron desapercibidas. El Partido Justicialista Nacional (PJ) salió al cruce con dureza, acusando a la funcionaria de tener una actitud de intromisión electoral. “Que una autoridad del FMI sugiera qué camino debe seguir Argentina en términos políticos es inaceptable y atenta contra nuestra soberanía democrática”, expresaron en un comunicado.
A su vez, varios sectores sociales y analistas levantaron la voz frente a lo que consideran un intento de influir en las elecciones, dado que Georgieva no solo elogió las políticas de Milei, sino que llamó a mantener el rumbo, una frase que muchos interpretaron como un mensaje implícito hacia el electorado argentino.
En redes sociales, la polémica no tardó en escalar. Desde hashtags críticos como #FueraFMI hasta memes que ironizan sobre la supuesta «nueva amistad» entre el Gobierno y el organismo internacional, el tema se viralizó.
Por su parte, desde el oficialismo prefirieron destacar la “confianza internacional” que está generando el plan económico, mientras que la oposición advirtió sobre los riesgos de una subordinación política a organismos financieros extranjeros.
En medio de un contexto económico delicado y con las elecciones a la vista, las declaraciones de Georgieva avivaron una grieta más: ¿elogio sincero o presión encubierta?